Velámenes de fuego

Velámenes de fuego
Con el rostro cubierto maquilla en negras tizas
las líneas de sus ojos.
Su baile serpentea campanas y cascabeles,
es poder sinuoso
así se detienen las curvas de su desnudez,
su tacto, su baile
recuerda las formas de sus hijos
mientras los tuvo en brazos.
Ahora les envuelve la mortaja
y unge sus cuerpos con aceites santos,
en las piernas, en los huecos de las balas,
en el dolor inmenso que no desaparece
en sus velos y en sus marcas.
La muerte es lo único que calma su danza,
apedreada en la calle
la deshonra del nombre amurallada.
Cada piedra es un vestido,
una tela nueva y más pesada,
un jardín donde no podrá bailar
aunque velámenes de sedas cubran su piel.